domingo, 20 de noviembre de 2011

Trastextualidad e intertextualidad

En el ejercicio creativo de la micronarrativa, resulta muy importante hacer uso de los referentes comunes entre el autor y el lector. los conocimientos, recuerdos, emociones  y sentimientos que son compartidos por ambos, son los que garantizan que se establezca una comunicación del autor al lector que pueda trascender el significado simple y directo de las palabras. Es lo que permite establecer y compartir un universo ficcional mucho más amplio que el que esta explícito en el texto literal. Gran parte de esos conocimientos y recuerdos compartidos han estado al alcance tanto del autor como de muy dísímiles lectores, gracias a la existencia de textos escritos previamente, tanto literarios como no literarios. En el caso de los textos literarios, el que dos personas en puntos muy distantes del planeta conozcan la historia de Romeo y Julieta, permite que si uno de ellos escribe "Estaba Romeo mirando la luna" y el otro lee esa frase, entonces pueda pensar que Romeo se encontraba pensando en Julieta su enamorada y no en la posibilidad de los viajes espaciales. Esos vínculos entre el texto de Shakespeare  y la frase citada, tienen que ver con el concepto de trantextualidad e intertextualidad.
La transtextualidad tiene que ver básicamente con la forma en que varios textos se relacionan entre sí. Es un concepto amplio e incluye michos tipos de relaciones desde las más simples hasta las más complejas. La intertextualidad, en particular, es un tipo de transtextualidad que tiene que ver con las referencias explicitas oimplicitas que en un texto se hace al contenido de otro. Hay múltiples ejemplos de intertextualidad en literatura, de hecho se podría considerar que cada texto literario termina siendo intencionalmente o no conjunto de referencias a otras obras literarias que influencian al autor. Sin embargo en general se considera que un texto es intertextual cuando hay una intencionalidad del autor por hacer esa referencia. El Ulises de Joyce, por ejemplo, es un texto en donde la referencia a la historia de la Odisea es completamente simbólica, es la historia de un día en la vida de hombre llamado Leopoldo Bloom, que sale de su casa a recorrer Dublín sabiendo que su esposa lo va a engañar en su ausencia, cada capítulo del libro hace referencia a los episodios de la Odisea, sin hacer referencia explícita a ello. Sin embargo queda clara la intencionalidad del autor en el título del libro. En microliteratura basta una leve mención para que el lector identifique el vínculo intertextual y le pueda dar una reinterpretación diferente al texto.
En el microcuento al ser tan puntual el vínculo, la intertextualidad se confunde con otro concepto de la transtextualidad que se ha popularizado en el lenguaje técnologico actual: la hipertextualidad. Los hipertextos son pequeños textos que hacen referencia a un texto más amplio (hipotexto), con la particularidad de que el texto sigue teniendo sentido se acceda al hipotexto o no. En el contexto de los documentos de la web hay un vínculo electrónico que permite el acceso del hipotexto desde el hipertexto, pero por fuera del ámbito digital el hipertexto también existe. Por ejemplo cuando en un texto aparece la palabra "Hamlet" se genera un hipervínculo en la mente del lector que ha leído o ha tenido referencias a la obra de Shakespeare. Igualmente en la Eneida de Virgilio existen múltiples referencias que enriquecen el relato para los lectores que conocen las historias de la Iliada y la Odisea.
Así pues, la intertextualidad resulta ser una herramienta importante para el escritor de microcuentos en la medida que le permite añadir una carga importante de significación a unas pocas palabras y ampliar el ámbito de su historia. Consideremos el microcuento La Última Cena de Ángel García Galiano: "El conde me ha invitado a su castillo. Naturalmente yo llevaré la bebida". La palabra 'conde' nos hace pensar inmediatamente en la novela Drácula de Strocker, aunque no la hayamos leído, esta novela ha sido objeto de tanta intertextualidad que de todas maneras la mayoría de las personas saben algo de su personaje principal el conde Drácula que se alimenta de la sangre de sus víctimas. Por lo tanto el que el personaje del microcuento sea quien 'lleva la bebida' nos indica cuál es la bebida y quién la beberá. Sin embargo, si no existiera el vínculo intertextual (e hipertextual) de la palabra 'conde´con la novela de Stocker, posiblemente el microcuento no tendría mayor carga significativa. Sería aún mejor si aún en ausencia de conocimiento sobre el hipotexto, el microcuento sigue teniendo sentido.
Como siempre la intertextualidad es una herramienta y como toda herramienta, sus resultados dependen de lo que se quiera hacer con ella y de la habilidad de quien la utiliza.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Del microcuento y la micropoesía

Es común confundir un fragmento de prosa poética con un microcuento, especialmente porque el microcuento puede usar la prosa poética y aún la micropoesía como estrategia narrativa.
La poesía hace un mayor énfasis en la función connotativa del lenguaje, la cual tiene que ver con los efectos que generan las palabras sobre la mente del lector y que van más allá de su significado directo. Es la función relacionada con lo que se sugiere más que con lo que se dice. La narrativa es más denotativa y aunque lo connotativo siempre está en un plano más general y no suele estar de manera permanente durante el texto. Sin embargo en los microcuentos, por su brevedad, lo connotativo está directamente en la oración y en eso puede tender a confundirse con la poesía.
Dada la brevedad, en ocasiones se recurre a los mismos recursos como son las figuras literarias y los juegos de palabras: la alegoría, las paradojas, las metáforas, el sarcásmo, etc.
Puede decirse que en la poesía una característica indispensable es el ritmo. La forma como suenan las palabras es esencial en un micropoema. En un microcuento en particular un adecuado manejo del ritmo puede ser llamativo e incluso determinante, pero no es una característica indispensable.
Otro aspecto que es importante resaltar es la relación de la poesía con la imagen. Esta relación se da en dos sentidos: la forma en que una buena poseía tienen la capacidad de hacer evocar imágenes y sensaciones al lector; y la imagen que forman las palabras al interior del poema. Sin embargo estas características también pueden estar en un microcuento. Un buen microcuento debe generar una imagen de la  historia o historias que cuenta al interior del lector y también puede jugar con la ubicación de las palabras como recurso narrativo.
Tal vez una diferencia importante está en que el microcuento narra acciones y "el verbo" es su protagonista, mientras que en la poesía, aunque desde luego hay verbos el énfasis está en "lo adjetivo". No es tan importante lo que se dice sino cómo se dice. Desde luego un microcuento con demasiados verbos se puede echar a perder, tal como le sucede a una poesía que abuse de los adjetivos.
También hay que tener en cuenta finalmente que los géneros y subgéneros no tienen unos linderos precisos y se entremezclan sin pedir permiso. Así, es posible que un microcuento pueda ser micropoema sin dejar de ser microcuento.

Taller del 9 de noviembre

Hablamos de Poesía y microcuento, sus puntos comunes y sus diferencias

jueves, 3 de noviembre de 2011

¿Qué entendemos por Microcuento?

Por: Óscar Rodríguez Nieto

Actualmente se usan diferentes términos como microficción, micronarrativa, minicuento y hasta nanoficción para referirse a textos narrativos muy breves. ¿Vale la pena tratar de definir un término en especial para referirse a ellos, cuando ni siquiera hay acuerdo para definir claramente las diferencias entre novelas cortas y cuentos largos? ¿Hay acaso una clasificación más válida o más aceptada?
Aunque en general se habla de minicuentos para aquellos cuentos que ocupan entre media y una página, y microcuentos aquellos que ocupan alrededor de un párrafo o menos, posiblemente lo menos importante es la etiqueta con la cual se le pueda clasificar y resulta más interesante si la brevedad es un valor en sí misma.
Algunos consideran que siendo el español un idioma tan rico en su léxico, resulta un atropello comprimir historias que podrían se contadas bellamente y con lujo de detalles, solamente por tratar de hacerlas cortas. Sería como si la literatura se sublimara ante una sociedad de consumo alocada que no se detiene a darse tiempo para disfrutar de las letras, y exige píldoras literarias para poder digerirlas a la velocidad de los afanes  de la modernidad.
La minificción parece algo novedoso, propio de la postmodernidad, pero en realidad no lo es. Los relatos más antiguos conocidos son realmente cortos, por las dificultades de los medios que se usaban para escribirlos (tallado en piedra, modelado de tablillas de arcilla, papiros, etc.). La epopeya de Gilgamesh uno de los primeros textos literarios de los que se tiene evidencia aparecido en Sumeria, constaba apenas de unas 12 tablillas de arcilla; igualmente, el poema incluido en el primer capítulo del Génesis es esencialmente narrativo y corto:
En el principio creó Elohim los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas dominaban el abismo y el espíritu se movía sobre las aguas.  Y dijo El: hágase la luz y la la fue fue hecha...
Por otra parte, quienes defienden la brevedad, no necesariamente creen que baste con ella para que un texto literario sea de valor para el lector, pero valoran la eficiencia narrativa en el sentido de usar apenas las palabras justas para  las ideas y sensaciones que se quieren transmitir. Lo primero que habría que decir es que o todo texto corto que presente una historia o una acción puede entenderse como microcuento o minicuento. Además de la brevedad el microcuento debería cumplir con lo mínimo que se espera de un cuento, para enmarcarlo como una pieza literaria:
  • Estar en el campo de la ficción. Es decir que aunque sea ficticio, tenga verosimititud. Es muy fácil confundir microcuentos con aforismos o frases celebres. Pues tanto los unos como los otros pueden tener historias y personajes, pero su pretensión es buscar una verdad explicitándola, mientras que el microcuento como el resto de la literatura hace uso de lo ficticio para develar una realidad o dejar al lector pensando en una verdad implícita en ellos. Un anuncio publicitario, un clasificado o un titular de prensa pueden estar exquisitamente escritos y contar una historia, pero no necesariamente son ficción. Sin embargo se pueden usar microcuentos en publicidad o en periodismo sin que dejen de ser microcuentos y se puede usar la retorica propia de estos oficios como herramienta para hacer microcuentos. El mayor ejemplo de esto lo dio Hemingway con su famoso microcuento de seis palabras: "For sale: baby shoes, never worn" (Se vende: zapaticos de bebé, sin usar). A pesar de hacer uso del lenguaje propio de los avisos clasificados, este es uno de los microcuentos más admirados por la fuerza significativa de lo que dice. Igualmente se pueden encontrar geniales microcuentos en forma de grafítis.
  • Tener intencionalidad. En general una obra de arte no es fruto del azar y si en artes plástica una obra fruto del azar pudiese pasar como arte, en literatura difícilmente podría lograrse un texto artístico de una manera casual o aleatoria. La escritura creativa es un acto de conciencia, pues aunque en su resultado pueda incorporar innumerables elementos inconscientes e indescifrables por parte del autor, siempre nace a partir de una intención de quien escribe por transmitir un mensaje que puede ser una idea, una sensación o un pensamiento complejo. El escritor siempre escribe para otro, así ese otro sea él mismo unos instantes después, al menos eso podría pensar Heráclito (Nadie se baña dos veces en el mismo río). En esto puede haber muchos que consideren que no importa cuál era la intención de Kafka al escribir El Proceso, si después de muerto el autor la obra se defiende sola.
  • Ser efectivo. La efectividad tiene que ver con causar los efectos deseados por el autor. cumplir con los objetivos que le han dado sentido a la intencionalidad ya mencionada. Puede ser que alguien escriba un cuento o un microcuento buscando generar angustia en el lector y el texto resulta generando risa. Podrá ser un cuento muy bueno y disfrutado, pero no es un cuento efectivo. La efectividad del cuento (y por lo tanto la del microcuento) se relaciona con la posibilidad de que aún después de terminar de leerlo, el lector siga elaborando la historia, completándola, reflexionando sobre ella, experimentando sensaciones a partir de ella o incluso incorporando variaciones derivadas de similitudes o diferencias con historias y vivencias propias. La Tesis de Píglia es que cada cuento son dos historias: una explícita y otra escondida. La teoría del Iceberg de Hemingway va aún más allá pues manifiesta que lo que se muestra o se dice es tan sólo una fracción (una octava parte decía Hemingway) de lo que el autor sabe sobre la historia. En el microcuento puede ser mucho más grande esta proporción.
  • Debe buscar la eficiencia y la concreción. En términos económicos la eficiencia significa obtener los mismos resultados (productos) de una manera que utilice menos recursos (costos). En la literatura los recursos disponibles son las palabras con que cuenta el autor y el producto es el efecto que queda impregnado en el lector. La eficiencia literaria indica que si dos versiones del mismo texto sirven para causar el mismo efecto, la versión menos reiterativa, la que ahorre en palabras, la que sea más concreta es preferible a la que se va por las ramas. En parte porque entre más se escribe y más se explica, se corre un mayor riesgo de matar el efecto deseado. La conjugación tácita, las elipsis e incluso en muchos casos la eliminación de conectores puede dar mayor contundencia al microcuento, pero en otros casos puede hacerlo incomprensible
No se trata de llegar a unas leyes del microcuento, sino a condiciones mínimas que nos acerquen a comprender qué es un microcuento y qué no lo es. Pero verdades hay tantas como ojos que observan la realidad (es decir al menos dos por persona) cada cual puede aferrarse a su verdad, algunos discutirán y la mayoría de las veces, las discusiones sobre este tema como sobre cualquiera no pasará de ser una revisión de opiniones y comparación de lo que nos gusta o no nos gusta de acuerdo a nuestras propias expectativas (ver Leyenda, el minicuento de Herman Hesse). Pero no se puede llegar al extremo de considerar que todo es relativo, que todo es arte y que depende siempre de la subjetividad.
Que un vaso sea entendido como vaso y una mesa sea identificada como mesa  por la mayoría de los seres humanos, significa que en algunas cosas también nos podemos poner de acuerdo. Esto es posible gracias a los referentes comunes. La subjetividad se construye y se desarrolla paulatinamente, alimentándola con información y estímulos estímulos que son comunes a las otras personas. En la medida que al interior del cerebro las interconexiones neurales hace que ciertas ideas lleven a otras relacionadas y este proceso se repita de forma similar en el cerebro del autor como en el del lector, no es necesario que un autor diga todo lo que piensa o siente, para poder transmitirlo a otro. Esa es la función connotativa del lenguaje, que permite  que permite por ejemplo al poeta decir "eran una sola sombra larga" y transmitir un conjunto complejo de sensaciones asociadas con dos amantes caminando brazados en una noche de luna. Esa característica sin embargo no es exclusiva de la poesía. Hay historias completas, que son compartidas mediante la cultura que  no necesitan volverse a contar. De esa función connotativa se derivan ciertas estrategias narrativas muy utilizadas por los cuentistas y sobre las cuales vale la pena volver después.

Micronarradores

Micronarradores es un blog creado con el fin de publicar reflexiones sobre micronarrativa. Comenzó en noviembre de 2011 a partir de la necesidad necesidad de registrar las divagaciones de un grupo de aficionados a la micronarrativa reunidos en un taller creativo, de libre concurrencia, impulsado por la Fundación Universitaria del Área Andina, convocado y coordinado por Óscar Rodríguez Nieto y Juan Manuel Silva el cual fue desarrollado en la  Librería Alejandría de Bogotá.
En las sesiones de taller se establecieron tres momentos: 

  • Un momento inicial de reflexión e intercambio de opiniones sobre el oficio del micronarrador, 
  • Uno de lectura de microtextos de los asistentes o de otros autores 
  • y un momento final dedicado a la creación de microtextos a partir de alguna disculpa o detonante.

Así nació la larga tradición de micronarración que se impuso durante todo el siglo XXI (y parte del XXII) y que ahora representa la forma de literatura más apreciada en toda la galaxia.