jueves, 3 de noviembre de 2011

¿Qué entendemos por Microcuento?

Por: Óscar Rodríguez Nieto

Actualmente se usan diferentes términos como microficción, micronarrativa, minicuento y hasta nanoficción para referirse a textos narrativos muy breves. ¿Vale la pena tratar de definir un término en especial para referirse a ellos, cuando ni siquiera hay acuerdo para definir claramente las diferencias entre novelas cortas y cuentos largos? ¿Hay acaso una clasificación más válida o más aceptada?
Aunque en general se habla de minicuentos para aquellos cuentos que ocupan entre media y una página, y microcuentos aquellos que ocupan alrededor de un párrafo o menos, posiblemente lo menos importante es la etiqueta con la cual se le pueda clasificar y resulta más interesante si la brevedad es un valor en sí misma.
Algunos consideran que siendo el español un idioma tan rico en su léxico, resulta un atropello comprimir historias que podrían se contadas bellamente y con lujo de detalles, solamente por tratar de hacerlas cortas. Sería como si la literatura se sublimara ante una sociedad de consumo alocada que no se detiene a darse tiempo para disfrutar de las letras, y exige píldoras literarias para poder digerirlas a la velocidad de los afanes  de la modernidad.
La minificción parece algo novedoso, propio de la postmodernidad, pero en realidad no lo es. Los relatos más antiguos conocidos son realmente cortos, por las dificultades de los medios que se usaban para escribirlos (tallado en piedra, modelado de tablillas de arcilla, papiros, etc.). La epopeya de Gilgamesh uno de los primeros textos literarios de los que se tiene evidencia aparecido en Sumeria, constaba apenas de unas 12 tablillas de arcilla; igualmente, el poema incluido en el primer capítulo del Génesis es esencialmente narrativo y corto:
En el principio creó Elohim los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas dominaban el abismo y el espíritu se movía sobre las aguas.  Y dijo El: hágase la luz y la la fue fue hecha...
Por otra parte, quienes defienden la brevedad, no necesariamente creen que baste con ella para que un texto literario sea de valor para el lector, pero valoran la eficiencia narrativa en el sentido de usar apenas las palabras justas para  las ideas y sensaciones que se quieren transmitir. Lo primero que habría que decir es que o todo texto corto que presente una historia o una acción puede entenderse como microcuento o minicuento. Además de la brevedad el microcuento debería cumplir con lo mínimo que se espera de un cuento, para enmarcarlo como una pieza literaria:
  • Estar en el campo de la ficción. Es decir que aunque sea ficticio, tenga verosimititud. Es muy fácil confundir microcuentos con aforismos o frases celebres. Pues tanto los unos como los otros pueden tener historias y personajes, pero su pretensión es buscar una verdad explicitándola, mientras que el microcuento como el resto de la literatura hace uso de lo ficticio para develar una realidad o dejar al lector pensando en una verdad implícita en ellos. Un anuncio publicitario, un clasificado o un titular de prensa pueden estar exquisitamente escritos y contar una historia, pero no necesariamente son ficción. Sin embargo se pueden usar microcuentos en publicidad o en periodismo sin que dejen de ser microcuentos y se puede usar la retorica propia de estos oficios como herramienta para hacer microcuentos. El mayor ejemplo de esto lo dio Hemingway con su famoso microcuento de seis palabras: "For sale: baby shoes, never worn" (Se vende: zapaticos de bebé, sin usar). A pesar de hacer uso del lenguaje propio de los avisos clasificados, este es uno de los microcuentos más admirados por la fuerza significativa de lo que dice. Igualmente se pueden encontrar geniales microcuentos en forma de grafítis.
  • Tener intencionalidad. En general una obra de arte no es fruto del azar y si en artes plástica una obra fruto del azar pudiese pasar como arte, en literatura difícilmente podría lograrse un texto artístico de una manera casual o aleatoria. La escritura creativa es un acto de conciencia, pues aunque en su resultado pueda incorporar innumerables elementos inconscientes e indescifrables por parte del autor, siempre nace a partir de una intención de quien escribe por transmitir un mensaje que puede ser una idea, una sensación o un pensamiento complejo. El escritor siempre escribe para otro, así ese otro sea él mismo unos instantes después, al menos eso podría pensar Heráclito (Nadie se baña dos veces en el mismo río). En esto puede haber muchos que consideren que no importa cuál era la intención de Kafka al escribir El Proceso, si después de muerto el autor la obra se defiende sola.
  • Ser efectivo. La efectividad tiene que ver con causar los efectos deseados por el autor. cumplir con los objetivos que le han dado sentido a la intencionalidad ya mencionada. Puede ser que alguien escriba un cuento o un microcuento buscando generar angustia en el lector y el texto resulta generando risa. Podrá ser un cuento muy bueno y disfrutado, pero no es un cuento efectivo. La efectividad del cuento (y por lo tanto la del microcuento) se relaciona con la posibilidad de que aún después de terminar de leerlo, el lector siga elaborando la historia, completándola, reflexionando sobre ella, experimentando sensaciones a partir de ella o incluso incorporando variaciones derivadas de similitudes o diferencias con historias y vivencias propias. La Tesis de Píglia es que cada cuento son dos historias: una explícita y otra escondida. La teoría del Iceberg de Hemingway va aún más allá pues manifiesta que lo que se muestra o se dice es tan sólo una fracción (una octava parte decía Hemingway) de lo que el autor sabe sobre la historia. En el microcuento puede ser mucho más grande esta proporción.
  • Debe buscar la eficiencia y la concreción. En términos económicos la eficiencia significa obtener los mismos resultados (productos) de una manera que utilice menos recursos (costos). En la literatura los recursos disponibles son las palabras con que cuenta el autor y el producto es el efecto que queda impregnado en el lector. La eficiencia literaria indica que si dos versiones del mismo texto sirven para causar el mismo efecto, la versión menos reiterativa, la que ahorre en palabras, la que sea más concreta es preferible a la que se va por las ramas. En parte porque entre más se escribe y más se explica, se corre un mayor riesgo de matar el efecto deseado. La conjugación tácita, las elipsis e incluso en muchos casos la eliminación de conectores puede dar mayor contundencia al microcuento, pero en otros casos puede hacerlo incomprensible
No se trata de llegar a unas leyes del microcuento, sino a condiciones mínimas que nos acerquen a comprender qué es un microcuento y qué no lo es. Pero verdades hay tantas como ojos que observan la realidad (es decir al menos dos por persona) cada cual puede aferrarse a su verdad, algunos discutirán y la mayoría de las veces, las discusiones sobre este tema como sobre cualquiera no pasará de ser una revisión de opiniones y comparación de lo que nos gusta o no nos gusta de acuerdo a nuestras propias expectativas (ver Leyenda, el minicuento de Herman Hesse). Pero no se puede llegar al extremo de considerar que todo es relativo, que todo es arte y que depende siempre de la subjetividad.
Que un vaso sea entendido como vaso y una mesa sea identificada como mesa  por la mayoría de los seres humanos, significa que en algunas cosas también nos podemos poner de acuerdo. Esto es posible gracias a los referentes comunes. La subjetividad se construye y se desarrolla paulatinamente, alimentándola con información y estímulos estímulos que son comunes a las otras personas. En la medida que al interior del cerebro las interconexiones neurales hace que ciertas ideas lleven a otras relacionadas y este proceso se repita de forma similar en el cerebro del autor como en el del lector, no es necesario que un autor diga todo lo que piensa o siente, para poder transmitirlo a otro. Esa es la función connotativa del lenguaje, que permite  que permite por ejemplo al poeta decir "eran una sola sombra larga" y transmitir un conjunto complejo de sensaciones asociadas con dos amantes caminando brazados en una noche de luna. Esa característica sin embargo no es exclusiva de la poesía. Hay historias completas, que son compartidas mediante la cultura que  no necesitan volverse a contar. De esa función connotativa se derivan ciertas estrategias narrativas muy utilizadas por los cuentistas y sobre las cuales vale la pena volver después.

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